Les prometo que este relato se merecía, por mucho, una entrada en el blog y a pesar de que pasó hace años, me sigo riendo de la audacity del individuo.
Hace unos años cuando nos encontrábamos encerrados porque pandemia y cuarentena interminable, yo estaba asimilando que, una vez más, alguien me había ghosteado.
Pero entonces una de mis mejores amigas, la llamaremos la pequeña Ana, me habló con cierta ilusión y emoción porque conocía a alguien perfecto para mí, me lo describió como alguien guapo, trabajador, buena persona y con toda la intención de tener, por fin, una relación bonita. Me contó que hace años él no buscaba ningún tipo de relación seria y que pensaba más en encuentros fugaces pero que ya no quería seguir jugando al chile alegre y estaba listo para algo formal... ella rápido pensó en mí.
Obviamente, sonaba todo muy bonito pero... ¿era demasiado bonito para ser verdad?
En serio, que esa dinámica en especial era muy nueva para mí, he tenido perfil de Tinder pero era diferente a que alguien más esté haciendo de cupido, la verdad.
Sea como sea, confié en el instinto y criterio de la pequeña Ana y acepté que le diera mi número.
Él, a quién llamaremos Ignacio, inmediatamente me empezó a hablar y era impresionante lo bien que nos llevábamos. Obviamente, me invitó a salir, pero diciéndome que sus horarios de trabajo eran muy complicados, por lo que únicamente tenía tiempo libre por las noches o fines de semana.
En esa época, había toque de queda y no se podía salir de noche, así que él muy inteligente, decidió que era buena idea invitarme a que nos viéramos un fin de semana... en su casa... solos los dos... y que por el toque de queda, me iba a tener que quedar...
¿CÓMO VAN A CREER?
Yo con platicar en WhatsApp estaba tranquila. 😂
Y me dio mal feeling, la verdad... por lo que pedí ayuda a mi mejor amigo que parece agente del FBI pensando que tal vez tenía a alguien en común con él que pudiera darle referencias o algún tipo de feedback, le mandé las fotos que me había compartido y el nombre. En menos de diez minutos mi amigo tenía resultados de su exhaustiva búsqueda en redes sociales...
En efecto, el tipo era un red flag andando (¿aplica como red flag o ya es una verdadera mierdita?)... Resulta que Ignacio ni siquiera era su nombre. Aparte del nombre, el tipo estaba casado desde hace más de diez años y la pobre esposa en Facebook publicaba cuánto lo extrañaba cada vez que él tenía que salir de viaje por su trabajo los fines de semana. PLOP.
En fin que fui a hablar con la pequeña Ana sobre el descubrimiento de mi mejor amigo y ella estaba tan sorprendida como yo, ella que lo conocía de hace 8 años (creo), platicaban seguido y siempre pensó que su nombre era Ignacio y tampoco sabía que estaba casado. Es más, hasta había salido con él un par de veces.
Obviamente, ambas bloqueamos al tipo inmediatamente.
Todo esto que les cuento, pasó apenas en unas horas.
Pero en fin, a pesar de que siempre me dan risa este tipo de cosas que pasan y que sé que a más personas les han pasado (no necesariamente con la misma persona), las lecciones de esta experiencia son muy puntuales:
1. Esa pequeña alerta que sentí que me dijo que algo estaba mal ahí, tenía razón (ojo de loca no se equivoca). Hacerle caso a nuestro instinto es vital.
2. La confianza no es algo que podamos regalar tan fácilmente y eso está bien. Al final, nuestra seguridad y bienestar siempre son prioridad.
3. No todas las personas son malas... PERO tampoco todas las personas son buenas o tienen buenas intenciones.
En fin, eso es todo por hoy, my darlins. Hasta la próxima. 😎✌🏻️